Arquitectura de supervivencia
Los chozos son los últimos guardianes de una forma de vida que se apaga: la de la arquitectura del silencio y la piedra. Estas construcciones rudimentarias eran el refugio de los pastores durante los meses de trashumancia o cuando el ganado necesitaba pastar lejos de las aldeas.
El chozo no era solo un techo; era el hogar de un hombre que vivía al ritmo de las estaciones y el temperamento del cielo. Dentro, el espacio era mínimo: un lugar para el fuego que servía para calentar el rancho y ahuyentar la humedad, un jergón de paja para dormir y los pocos aperos necesarios para el cuidado del rebaño y la elaboración del queso.





