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jueves, 25 de julio de 2013
Por la Sierra de Orea
lunes, 15 de julio de 2013
Regeneración
La primavera en la naturaleza no es un evento, es una reacción en cadena. Es el momento en que la Tierra deja de ahorrar energía y decide gastarla toda en una explosión de color, sonido y movimiento. Tras el letargo del invierno en lugares como el Alto Tajo o Gredos, la vida recupera el terreno perdido.
El despertar del paisaje
El deshielo y la fuerza del agua: En las cumbres de Gredos, la nieve se funde y alimenta las gargantas. El río Tajo baja con un rugido diferente, más bravo, recordándonos los tiempos en los que los gancheros esperaban precisamente esta crecida para lanzar la madera al agua.
El verde "nuevo": Los brotes de los quejigos y melojos tienen un verde casi fluorescente, muy distinto al verde oscuro y perenne de los pinos laricios. Es una luz nueva que baña el bosque.
Un estallido de biodiversidad
El regreso de las viajeras: Muchas de las rapaces que se marcharon a África regresan ahora. Ver al alimoche (el "buitre sabio") sobrevolando los cortados calizos es una de las señales inequívocas de que la primavera ha llegado.
El banquete de los polinizadores: Entre las rocas de la "Ciudad Encantada" y los claros del pinar, florecen las orquídeas silvestres y las jaras. El zumbido de los insectos se convierte en la banda sonora de fondo.
La muda y el celo: Los ciervos, que hace meses protagonizaron la berrea, pierden ahora sus cuernas (el desmogue) para empezar a crear unas nuevas, mientras los corzos se vuelven más visibles en los márgenes de los caminos.






























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